¿Cómo decir refugiado?

El 20 de junio es el día de los Refugiados. Un día especial que para ellos es uno más en medio de un calendario vital suspendido, una efeméride declarada por la ONU con el fin de llamar la atención sobre estas personas que se han visto obligadas a dejar su país. La guerra, la persecución o el terror expulsan a 24 personas por minuto, según datos de ACNUR.

El día de los Refugiados o la propia palabra podrían significar amparo, aunque distan mucho de serlo. Viendo las imágenes de los campamentos donde se hacinan miles de personas en todo el mundo, el 85% en los países en desarrollo, es difícil pronunciar la palabra refugio.

Más bien estamos ante una aspiración legítima en medio de la inclemencia y la intemperie. ¿Cómo llamarles refugiados si no se respetan los derechos contenidos en la Convención de 1951? 

Desde 2015, en Europa, al decir refugiados pensamos en Grecia, en Italia, en el Mediterráneo entero, convertido en una gran tumba; en el espacio de la desolación que, siendo tan cercana, apenas percibimos.

Nuestro 20 de junio de acomodados occidentales nos recuerda a la fecha del inicio del verano, el inicio de aquellas vacaciones escolares interminables que, en mi caso, discurrían en pisos sobradamente calurosos y tenían el premio de disfrutar del mar por unos días.

Pero lo cierto es que ahora ya no puedo mirar igual a ese mar que siempre fue un lugar mágico y sanador. En cierto modo siento que las decisiones políticas aplazadas me lo han robado. Me apena contemplarlo. A pesar de su belleza y el disfrute que me brinda bañarme en el Mediterráneo, ya no puedo quitarme de la cabeza los barcos abandonados a su suerte y la realidad de los náufragos. ¿Qué decir que no se haya dicho y escrito sin volver a usar palabras como vergüenza y barbarie? 

Ahora, ese paisaje tiene mucho de lo que ofrece este poema, incluido en la parte de «Verano», en mi libro «De paso por los días», publicado por Bartleby Editores.

NAUFRAGIO

Bañarse en el mar, 
las sombras encerradas 
en todas sus olas, 
el escozor del vaivén
de rocas y arena.

Morderse la sal 
de los labios. Ser consciente
de la memoria oculta
de los ahogados

A la feria

Vuelve a Madrid una de las Ferias más bonitas del mundo… y yo tengo la suerte de poder volver al otro lado del mostrador, en la soleada caseta de Bartleby Editores.

No temáis al calor ni al fuego del ángel caído, que no estará muy lejos. Por mi parte, firmo el mismo libro de hace tres años, cuyo influjo y presencia sigo celebrando. 

Tal vez estoy a punto de ser una autora de esas que se quedan ahí, suspendida de un primer libro quizás prometedor; medio maldita en el río de la vida que quita tiempo a la poesía toda. 

Es posible que sea vuestra última oportunidad y si no, tal vez se os ocurra el nombre de alguien a quien pueda gustarle. La tercera opción, la más segura, apunta a que en la caseta 266 habrá novedades interesantes y muchas sonrisas para quienes vengáis a vernos. ¡El 5 de junio os espero/esperamos!

Los recuerdos

Estas breves líneas son para traer al presente un recuerdo de hace tres años. Cuando las primeras cajas del libro ‘De paso por los días’ llegaron para el acto público de presentación.

Desde entonces, ha habido dos mudanzas. Ya no son las mismas las paredes de mi casa ni de la oficina, pero la poesía sigue siendo mi espacio. Y hoy ha sido por varios motivos un día de recuerdo y nuevos sueños.

La poesía es mi casa junto a la gente que me quiere y me cuida, junto a la que se fue tal día como hoy y sigue en el corazón.

48 cumpleaños

Ayer fue el día del libro y mi 48 cumpleaños. Lo inicié con una noche insomne a la que siguió la rutina de cualquier amanecer de un día laborable. Antes de llegar al trabajo, el suelo mojado y unas hojitas arremolinadas bajo la suela estuvieron a punto de hacerme caer de espaldas. Aún no sé cómo pude recuperar la verticalidad cuando ya me veía estampada en la acera. Tras el susto, me di cuenta de que tal vez acababa de nacer o que, sin necesidad de ser tan dramáticos, tenía la suerte de habitar un cuerpo frágil que aún así me daba la oportunidad de celebrar la vida con todos sus huesos intactos. Un buen principio. 

A partir de ahí el día se fue llenando de felicitaciones, bombones, dulces y cafés compartidos; regalos en forma de tela, papel o gato. A mediodía, comida familiar y paquetes sorpresa que escondían objetos para rehabitar la casa nueva. 

La conversación, las llamadas (¡tan raras en estos tiempos!), los mensajes de texto, la fotografía de las lilas de una casa de campo que inundaban de olor la pantalla de mi teléfono, la caricia esquiva o cariñosa de Fénix al que no le gusta mucho que dedique demasiado tiempo al móvil. 

Me salté los actos del día del libro. Tenía varios anotados, pero ya había reunido mi pequeño botín de libros en torno a este nuevo cumpleaños. Celebré la compañía y las llamadas, y me sentí afortunada. También fui haciendo balance, entre palabra y palabra. Es inevitable al responder cómo estás y preguntarte. Atreverte o no a averiguar lo que hay y lo que falta, los proyectos que exigen su tiempo mientras el contador de la vida coge carrerilla y cada vez hace más preguntas y menos concesiones. 

Soy afortunada no sólo por evitar la caída de la mañana sino por cuantos están a mi lado y acompañan la vida, a quienes hacen un hueco en la agenda y me recuerdan, en su sentido etimológico. Gracias por preguntarme por las cosas que importan y hacerlas presentes. Ha empezado un nuevo año y todo está por ser escrito.

Jornada laboral

Feliz de compartir este poema en la sección de poesía de Poder Popular. Agradecida, una vez más, a Alberto García-Teresa por estar atento a mis versos. 

Es un poema de hace años, que se publicó en. Poesía y desobediencia. Voces del Extremo 2014, (Ediciones Amargord), pero lo volvería a firmar hoy. No sé si es buena o mala señal.

Jornada laboral

Erré los números del último sorteo.

Hoy apuesto a la suma

del tiempo que me compran legalmente

y el que me roban.

Será el ocho

si soy capaz de irme a mi hora.

9: si no llega el relevo.

10: si la central de Atlanta despierta con migraña.

11: si el sistema impide abrir las puertas.

12: si los financieros eligen el color rojo.

13: si empieza a temblar la silla.

14: si es el suelo el que se mueve.

15: si la competencia hunde los precios.

16: si el fiscal descubre la verdad.

17: si la dirección recela de los accionistas.

18: si los accionistas se saben estafados.

19: si un traidor rechaza otro soborno.

20: si una guerra remota corta los suministros.

21: si un accidente laboral deja demasiados huérfanos.

22: si se descubre mano de obra esclava en una fábrica.

23: si un escape tóxico nubla el aire.

24: si soy capaz, sin reventar, de resistirlo todo.

Las cuentas de mi inversión en azar 

son un derroche.

No se puede jugar a diario con la suerte.

Adiós a Paca Aguirre

La primera vez que hablé con Francisca Aguirre fue en 2011, en los jardines de la Residencia de Estudiantes, mientras ambas hacíamos tiempo para una lectura de Ledo Ivo. Su hija nos presentó y nos dejó conversando como si fuéramos cómplices aunque nos acabábamos de conocer. 

Gracias a ese momento de confidencias en solitario pude vencer mis miedos y decirla que la admiraba y era un ejemplo para mí. Su etiqueta como poeta «tardía», (había publicado su primer libro con 42 años), me hacía albergar esperanzas. En aquel momento yo andaba a vueltas con un libro, confiando acabarlo pronto en una especie de sortilegio mágico en el que ella era inspiración y guía. Recuerdo que me dijo que no tuviera prisa. Que a ella le había dado tiempo a todo. 

Desde ayer, cuando el telediario me dejó estremecida con la noticia de su muerte, he rememorado aquella conversación y los encuentros que vinieron después: los literarios y los informales en los que además de la poeta pude descubrir a una mujer valiente y generosa, testigo y memoria, lucidez y calor.

Agradezco al tiempo que los 88 años vividos la hayan permitido disfrutar de merecidos homenajes y reconocimientos en los que siempre se mostraba feliz como la niña feliz que no pudo ser. Esa mirada emocionada y emocionante tan llena de brillo y matices se ha apagado, pero nos quedan algunos recuerdos memorables y toda su obra para mantenerla cerca.

Día de la poesía

En 1998 la UNESCO propuso celebrar el Día Mundial de la Poesía cada 21 de marzo, con el propósito “de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo”.

Para quienes celebramos la poesía cada día, como celebramos seguir vivos, no deja de ser una anécdota, una llamada de atención en el calendario, un día en el que la poesía, oculta y ocultada el resto del año, tiene unos minutos en las noticias.

¿Cómo puede celebrar el Día Mundial de la Poesía un poeta? En mi caso, viene siendo una fiesta discreta, un día en el que, año tras año, reitero mi gratitud hacia la poesía por haberse cruzado en mi camino, por haberme tentado, como lectora primero y como autora después; por haberme fascinado desde que siendo niña me topé con Gloria Fuertes. 

Sin esos pasos no hubieran llegado los libros colectivos que sirvieron para darme confianza ni el sueño cumplido y hecho papel en «De paso por los días» (Bartleby, 2016). 

La poesía también me ha permitido conocer a algunas de las personas que hoy llenan mi vida de amistad y alegría, de amor y camaradería, de aprendizaje compartido. 

Hace unos días puse todos los libros juntos con el fin de seleccionar poemas para una lectura en el marco de un taller de creación literaria. Fénix se sentó junto a ellos consciente de que en los nuevos poemas también estará él.

Cuanto hoy pueda brindar por ella, será poco para agradecer todo lo recibido. ¡Salud y poesía!

8 de marzo

Hoy hago huelga. Hasta la tarde, cuando me vaya a la manifestación, dedico mis horas a los sueños robados o aplazados y hago memoria de la mujer que soy. 

Fui a un colegio mixto, me dejé el alma para sacar dos carreras de forma casi simultánea, y años después, ya trabajando, quise completar mi currículum con un máster. Soy de esa generación de ilusas que creyó que todo se podía vencer con esfuerzo personal. Pero poco a poco he ido abriendo los ojos, el esfuerzo es importante, pero siempre hay quien lo tiene más fácil. 


He conocido situaciones de injusticia laboral, muchas consolidadas desde la mentalidad machista y patriarcal que nos ha recomendado estar calladitas. He visto nóminas injustas y discriminatorias. He ido a entrevistas laborales donde el fantasma de la maternidad me ha jugado en contra, aunque yo haya elegido no ser madre. He sufrido a hombres incapaces para la escucha y la empatía ejerciendo puestos de poder desde los que destruyen a otros, especialmente, si son mujeres. 


Lo he visto y lo sigo viendo, en mí y en otras, por eso, escribo y me repito «ni un paso atrás», por eso me emocionan las más jóvenes que ya no se creen los cuentos de siempre. 


Hoy por la mañana, trabajo en esos poemas de un libro futuro, y recuerdo a aquella niña que quería ser escritora y leía a Gloria Fuertes, aunque no veía a ninguna mujer en sus libros de texto; a aquella mujer que se dio cuenta del engaño leyendo a Virginia Woolf y a otras. Vamos, mujeres, junto a los hombres que están dispuestos a acompañar este camino y esta lucha.

Feliz 2019

Queridos todos:

2018 se despide y os envío unas líneas y una fotografía con las que desearos, como siempre, lo mejor para el año que estamos a punto de iniciar.

Son horas de balance y 2018 deja un poco de todo. Ha habido pérdidas cercanas y he celebrado el nacimiento de nuevas vidas que son aliento de presente y futuro. He dejado atrás la que ha sido mi casa durante los últimos años, y ahora me siento afortunada en mi nuevo hogar. Hubo horas bajas y alegrías de las que he aprendido y soy consciente de todo lo que queda por aprender, cambiar y mejorar.

Como siempre, he revisado las fotos de este año para elegir la más adecuada al espíritu que quiero compartir con vosotros ahora. Por primera vez, no se trata de un paisaje sino de una criatura que ha transformado mis ritmos y tiempos cotidianos, y me ha enseñado muchas cosas.

Os presento a Fénix, el inesperado compañero de piso que me ha regalado 2018. Lo encontramos con pocas semanas y enfermo en la calle, pero en sus ojos y en su actitud estaba el deseo y la fuerza de renacer. El nombre le vino solo como ocurre con los buenos versos.

Fénix ha sido posible gracias a una cadena generosa de cuidados y cuidadores, que se encargaron de él hasta que yo pude hacerlo, ya en mi nueva casa.

Su foto es la que inspira mis deseos para todos. Ojalá 2019 nos depare muchos momentos en los que nos brillen los ojos, que sepamos jugar y disfrutar con lo sencillo, que no nos falte el cuidado de los demás ni ese breve cobijo suficiente para sentirnos seguros y a gusto, que sepamos desafiar y plantar cara a lo que nos desagrada y encontremos la caricia necesaria para vivir mejor.  

Un abrazo fuerte.

Tiempo de pausa

Hace unas semanas mi móvil rozó el catacroc. Hubo que desinstalar programas y me desconecté de varias redes sociales que, hasta entonces, habían estado muy accesibles: a un click en la pantalla sumergida del bolso, tan a mano en los tiempos muertos, en los trayectos vacíos del transporte público.

A los pocos días, mente y cuerpo también me dieron una llamadita de atención: o paras o catacroc. Y tuve que parar al ver las orejas del lobo tan cerca. El médico de cabecera, más preocupado por el sistema que por quien le hablaba, solo me concedió tres días de tregua, pero fueron paz y tiempo para hacerme promesas y nuevos propósitos.

Hoy, en una pausa entre las tareas domésticas, he caído en la cuenta de que anoche, San Juan, era la fecha de la renovación, y yo andaba con la cabeza fuera del calendario. Si hubiera escrito un deseo hubiera sido no romperme.

Vivo tiempos de cambio y mudanzas. Hay que vaciar la casa, empaquetarla toda. Esperan y se cruzan trámites y papeleos que me consumen. La mudanza es deseada y nadie más que yo me ha metido en este embrollo, pero todo me resulta ingente. Demasiada actividad para una mente y un cuerpo que se han sobrecargado en la tensión de las últimas fechas, sumando tirones a lo que se arrastra tras un año intenso de trabajo.

Por eso recupero esta foto, de hace casi un año. Otra pausa que se hizo necesaria a mediados de julio de 2017 cuando también las vacaciones parecían remotas y el cuerpo sugirió adelantarlas, aunque fuera en forma de paréntesis. En la costa de Cantabria me topé con una casa a medio hacer y un paisaje difuminado. En ese trance andamos. Con las cosas por definirse y perfilarse, con nuevos deseos y proyectos, como en la noche de San Juan, deseando que se cumplan y que sea todo para bien.

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