La navidad de cada quien. Celebra la tuya

Rituales

Tras el cristal,

almendras como rocas.

Tras el cristal,

guijarros dulces

para las felices fiestas.

Tras el cristal,

heridas abiertas

en la mirada del hambre.

Tras el cristal,

almíbar entre adornos,

ajonjolí y canela.

Tras el cristal,

promesas

del mejor mañana

roto a mordiscos,

al alba

del año nuevo.

Antecedentes e inspiración

Este poema, que se encuentra en mi libro De paso por los días (Bartleby, 2016), ofrece el ritual correspondiente a la parte dedicada al invierno.

He dudado mucho si subirlo hoy al blog, porque estoy leyendo muchas felicitaciones de navidad, muchos buenos deseos y no quería ser aguafiestas.

Finalmente, he decido publicarlo porque me apetece dar continuidad a la serie de los poemas titulados ‘Rituales’, de la que ya pudisteis leer la versión correspondiente al otoño, y también porque tampoco voy a ser la primera en señalar que estas fechas tienen una tremenda carga de ambivalencia. Gustan y duelen por igual, generan niveles máximos de filias y fobias. Con toda la energía de las luces festivas y los villancicos, nos ofrecen el contraste brutal de la pobreza que nos rodea, que tal vez se hace más evidente o nos golpea más entre los escaparates deslumbrantes y las bolsas que sabemos reconocer cargadas con lo innecesario.

Es cierto que nunca llueve a gusto de todos, pero en cualquier otra fecha uno puede sentirse afortunado o triste sin sentirse interpelado por una marea general que casi obliga a compartir con otros, a sonreír y a brindar. A medida que la navidad se ha hecho más consumo frente a su carga de celebración familiar y rito religioso, los mensajes de falsa alegría disfrazados de espumillón ficticio lo inundan todo y es difícil discrepar o resistirse. Por eso, paseando por la calle el otro día, me detuve a hacer la foto que ilustra estas líneas, porque el espejo roto reflejando un adorno luminoso me pareció una metáfora, una síntesis perfecta de estas fechas.

No obstante, ante el panorama impuesto de felicidad, lo ideal sería que cada uno encontrase el punto de equilibrio personal para disfrutar de estas fechas. Sin olvidar que el mundo sigue hecho un desastre, sin renunciar a que deberíamos contribuir a mejorarlo, sin provocar disgustos ni avivar conflictos familiares, sin contribuir al derroche energético o de materiales, sin darle prioridad a lo superfluo o a lo que nos hace daño. Ser capaces de disfrutar desde lo pequeño y lo íntimo, desde ese espacio que nos permite estar en paz con nosotros mismos y con lo que nos rodea. 

Vida natural más que vegetal

Vida y muerte se tocan en estos arbustos que veo en mi recorrido diario. Plantados en la misma jardinera, coinciden en las horas de sol, las escasas gotas de lluvia y la dosis venenosa de los tubos de escape que alteran la paz de la avenida.

Las plantas secas conviven con las verdes y ambas me interrogan. Será porque hay días en los que a pesar de respirar y desarrollar las tareas que tocan, me siento tan fatigada que cuesta ese pequeño gesto de poner un pie delante de otro, y me reconozco en esas ramas exhaustas. A partir de mi cansancio, quisiera contagiarme de las que permanecen verdes y luchan a pesar de la amenaza, ese color pardo que se ha hecho inesperado vecino.

En la foto como en la realidad, vida y muerte son sombra y contacto. Sin una no existe la otra. Más que entes opuestos son complementarios que se encuentran en un filo azaroso: unas hojas y no otras perdieron la savia, igual que algunos seres llegaron a su final y otros mantienen su aliento.

Me pregunto por las raíces que se ocultan bajo la tierra: si fueron ellas las primeras en sentir la agonía. Me pregunto por el proceso, si todo obedece a un agente externo que fue pulverizando sus hojas, invadiendo todo, o si surgió desde dentro. Me pregunto por cómo dos plantas que están tan juntas no comparten el mismo futuro o si la que permanece verde ya siente miedo y acabará igual.

Desde hace tiempo, gracias en parte a las pistas que va dejando en sus textos el poeta y amigo Gsús Bonilla voy sabiendo más de la vida vegetal. Quizás, quienes amamos por igual las palabras y la botánica deberíamos desterrar la palabra vegetal para ciertos estados clínicos.

Parece que las plantas aprenden, se estresan, anticipan riesgos, reaccionan, se comunican, se reconocen. Solo que los seres con piernas y lenguaje no las entendemos y hemos decidido que son subsidiarias e inferiores. También aunque sabemos que nos proporcionan oxígeno y vida, cada tanto las quemamos por unas monedas o un problema de lindes. Y aún así, nos tenemos como especie evolucionada.

Personalmente, cada vez me hago más preguntas. Quizás sea por el otoño con su decorado de melancolía repartida en las aceras; quizás sea por la vida elegida, con todas sus exigencias por encima de las propias fuerzas. Muchos días me siento más en sintonía con lo animal que con lo humano, y si articulo palabras y escribo es por agarrarme a algo que dote de sentido al calendario.

Escribo árbol y lo imagino, y escribo savia y raíz, y algunas horas cobran más luz. Ante un estanque, en un parque, tras la ventanilla de un tren… toda esa naturaleza me permite conectar con la belleza y la certeza de lo cíclico. Y desde ahí, albergar cierta esperanza. Hay días que se salvan en la caricia de un gato y en la contemplación de un paisaje, a pesar del daño y la fatiga.  

Día de las librerías

Si este año las librerías están de fiesta el 8 de noviembre, me sumo encantada para celebrarlas por cuanto nos ofrecen de magia, complicidad y aventura.

Para mí, entrar en la mayoría de las librerías es una verdadera tentación, una experiencia que no se da en el resto de comercios.

A la librería voy a mirar y a tocar, a hablar con los libreros, a que me recomienden y a dejar vagar mis ojos por portadas y páginas que quieren atrapar mi atención. Muchos libros lo logran, la voz melodiosa del librero también lo hace. Si es buen profesional, habrá reconocido el brillo en mis ojos y empezará a desplegar novedades y libros preciosos que se editaron hace tiempo, de esos que alguna vez se nos escaparon sin ser vistos.

Es entonces cuando me bajo precipitadamente del mundo de las letras y de su motor de utopía, y busco un punto de apoyo en el rincón oscuro de la contabilidad y el sentido común, para fijarme un presupuesto del que no desviarme demasiado. Afortunadamente, casi siempre hay un roto para un descosido. Y así surge un libro al paso, que acaba por venirse con nosotros… Si el presupuesto es menguante, la segunda mano y los libros de bolsillo son una fiesta, igual que los saldos que muchas veces me han dado alegrías inesperadas.

El día del libro y el día de las librerías

Para alguien que nació un 23 de abril, el día del libro no se olvida. Es más, ese azar maravilloso ha funcionado como imán. Desde el año 1988, cuando se instituyó como tal, ¿qué me iban a regalar los más perezosos o los amantes de los descuentos o los menos imaginativos? Tal vez al principio fuera así, pero lo cierto es que siempre he pedido y agradecido libros para celebrar la vida. Y casi siempre, aunque lluevan libros, yo misma entro de hurtadillas en alguna librería y me hago mi regalo. Ese capricho secreto que tiene el olor de la tinta y el papel, aunque para mí es el sabor de un chocolate o una galleta deliciosamente escondidos al fondo de la caja.

El día de las librerías no cuenta con tanta tradición. Este año estamos ante la novena edición, convocada por CEGAL, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, que reúne a 1.600 librerías en toda España. Parece que la fecha cambia cada año, que se busca un viernes próximo al inicio de la campaña de navidad para recordarnos que las librerías están ahí.

En la misma batalla que afronta todo el comercio de proximidad de nuestras ciudades, las librerías ven caer sus ventas año a año y algunas bajan sus cierres de forma definitiva en silencio, dejando un barrio más huérfano o una calle más desamparada.

Cegal subraya en su convocatoria de este año que las librerías “no sólo actúan como centros de dinamización cultural sino que son espacios imprescindibles para la creación de comunidad”. Y reivindican “el trato familiar, cercano y afectuoso que ofrecen las librerías frente a la frialdad y la impersonalidad que imponen las multinacionales de venta online, poniendo en valor los vínculos que florecen entre los libreros y libreras y sus lectores”.

Estoy completamente de acuerdo. En las librerías intercambio euros por libros, pero también conversación, besos y abrazos. En muchas de ellas, cruzar su umbral es sentirte en casa de un conocido, un pariente queridísimo al que, por las circunstancias de la vida, no vemos tanto como nos gustaría. A veces voy a comprar y otras a saludar, a la presentación del libro de alguien a quien conozco y admiro, ya sea porque forme parte del ámbito de personas próximas o bien, de ese elenco de autores a los que me sigo acercando con torpeza y timidez como mera aprendiz. En los últimos años, he tenido el placer de ir también a leer mis propios textos y ver mi libro en los estantes que siempre me parecieron destinados a la obra de los demás. Son pequeños pasos que me demuestran que a veces, se cumplen los sueños, aunque sean de papel.

Algunas de mis librerías favoritas

En el día de las librerías, se me hace raro no citar algunas de mis favoritas… pero sé que corro el riesgo de olvidarme de algún nombre fundamental. Llevo desde ayer anotándolas, en un intento de que el cansancio no me lleve al desliz, y ante la lista que tengo ante los ojos, también me pregunto por cómo ordenarlas. Podría optar por un orden cronológico, citando las librerías de la infancia y la juventud, en su mayoría cerradas. Podría recorrer las que visité en viajes por España y por el extranjero, que fueron dejando huellas y recuerdos. Podría concluir con aquellas que me abrieron sus puertas como autora, que apilaron varios ejemplares de mi libro junto a la caja o, aún más valientes, aquellas donde leí cuando era una poeta inédita. Podría citar las que regentan esos libreros que al llegar me saludan por mi nombre o las que en los últimos  tiempos acogieron los actos que me hicieron salir de casa y disfrutar escuchando a otros. También podrían venir a cuento las librerías de los barrios donde he vivido y se convirtieron en un escaparate cómplice y amable cercano a casa. Por último, también tengo anotadas las librerías donde he debatido proyectos colectivos o he hecho talleres literarios que han alimentado y siguen alimentando libros futuros.

Son tantas, y es tan tarde para seguir escribiendo… que creo que no voy a hacer distinción porque hoy es el día de todas. Esas pequeñas historias que me han venido a la cabeza son buenas ideas para otros días.

Ahora toca publicar este texto, compartirlo con quien lo quiera leer y salir a la calle a por un libro, porque en la librería del barrio nos están esperando con los brazos abiertos.

Por fin, ¡hola blog!

Arranca mi blog. Inicio algo que no sé a dónde me va a llevar, si cumplirá mis expectativas, si voy a responder con una escritura constante y la inspiración atenta. Tampoco sé si habrá lectores para este espacio que quería poner en marcha de desde hace años.

Los textos anteriores a éste son entradas que ya tenía publicadas en mi perfil de Facebook, las más recientes. Sirven de punto de partida y evitan la sensación de vacío y de todo por hacer. También es cierto que ahora mismo quedan ajustes y libros y poemas por incorporar, pero iré haciendo la tarea poco a poco, entre otras tantas.

Por lo demás, llevo un par de semanas pensando a qué iba a dedicar esta primera entrada. Hacía tiempo que no tardaba tanto en dar con un tema del que escribir. Y no voy a darle más vueltas. Por eso estoy tecleando así, porque escribir y respirar y vivir fueron siempre, para mí, actos involuntarios, casi reflejos.

Tengo esa sensación feliz que me inspiran los cuadernos, las libretas preciosas con las que me voy haciendo. Espacios de escritura tan especiales que, tal vez por eso, siguen sin estrenar. Internet deja menos lugar a los puntos suspensivos o más bien, a los actos suspensos. Si abres la puerta, la abres y lo demás tendrá que fluir con trabajo de escritura y lectura.

Digo en la presentación que este es un espacio de libertad, también de aprendizaje. Mañana comienzo un curso que me ayudará muchísimo y por el camino me acompañarán personas que están dispuestas a ayudarme en la batalla tecnológica.

Cierro estas líneas cayendo en mi propia paradoja: si tanto te gustan las libretas, ¿qué haces en Internet? Sonrío. Son cosas de los tiempos. Y tal vez ha llegado la hora de que las libretas cerradas se abran.

A la feria

Vuelve a Madrid una de las Ferias más bonitas del mundo… y yo tengo la suerte de poder volver al otro lado del mostrador, en la soleada caseta de Bartleby Editores.

No temáis al calor ni al fuego del ángel caído, que no estará muy lejos. Por mi parte, firmo el mismo libro de hace tres años, cuyo influjo y presencia sigo celebrando. 

Tal vez estoy a punto de ser una autora de esas que se quedan ahí, suspendida de un primer libro quizás prometedor; medio maldita en el río de la vida que quita tiempo a la poesía toda. 

Es posible que sea vuestra última oportunidad y si no, tal vez se os ocurra el nombre de alguien a quien pueda gustarle. La tercera opción, la más segura, apunta a que en la caseta 266 habrá novedades interesantes y muchas sonrisas para quienes vengáis a vernos. ¡El 5 de junio os espero/esperamos!

Los recuerdos

Estas breves líneas son para traer al presente un recuerdo de hace tres años. Cuando las primeras cajas del libro ‘De paso por los días’ llegaron para el acto público de presentación.

Desde entonces, ha habido dos mudanzas. Ya no son las mismas las paredes de mi casa ni de la oficina, pero la poesía sigue siendo mi espacio. Y hoy ha sido por varios motivos un día de recuerdo y nuevos sueños.

La poesía es mi casa junto a la gente que me quiere y me cuida, junto a la que se fue tal día como hoy y sigue en el corazón.

48 cumpleaños

Ayer fue el día del libro y mi 48 cumpleaños. Lo inicié con una noche insomne a la que siguió la rutina de cualquier amanecer de un día laborable. Antes de llegar al trabajo, el suelo mojado y unas hojitas arremolinadas bajo la suela estuvieron a punto de hacerme caer de espaldas. Aún no sé cómo pude recuperar la verticalidad cuando ya me veía estampada en la acera. Tras el susto, me di cuenta de que tal vez acababa de nacer o que, sin necesidad de ser tan dramáticos, tenía la suerte de habitar un cuerpo frágil que aún así me daba la oportunidad de celebrar la vida con todos sus huesos intactos. Un buen principio. 

A partir de ahí el día se fue llenando de felicitaciones, bombones, dulces y cafés compartidos; regalos en forma de tela, papel o gato. A mediodía, comida familiar y paquetes sorpresa que escondían objetos para rehabitar la casa nueva. 

La conversación, las llamadas (¡tan raras en estos tiempos!), los mensajes de texto, la fotografía de las lilas de una casa de campo que inundaban de olor la pantalla de mi teléfono, la caricia esquiva o cariñosa de Fénix al que no le gusta mucho que dedique demasiado tiempo al móvil. 

Me salté los actos del día del libro. Tenía varios anotados, pero ya había reunido mi pequeño botín de libros en torno a este nuevo cumpleaños. Celebré la compañía y las llamadas, y me sentí afortunada. También fui haciendo balance, entre palabra y palabra. Es inevitable al responder cómo estás y preguntarte. Atreverte o no a averiguar lo que hay y lo que falta, los proyectos que exigen su tiempo mientras el contador de la vida coge carrerilla y cada vez hace más preguntas y menos concesiones. 

Soy afortunada no sólo por evitar la caída de la mañana sino por cuantos están a mi lado y acompañan la vida, a quienes hacen un hueco en la agenda y me recuerdan, en su sentido etimológico. Gracias por preguntarme por las cosas que importan y hacerlas presentes. Ha empezado un nuevo año y todo está por ser escrito.

Adiós a Paca Aguirre

La primera vez que hablé con Francisca Aguirre fue en 2011, en los jardines de la Residencia de Estudiantes, mientras ambas hacíamos tiempo para una lectura de Ledo Ivo. Su hija nos presentó y nos dejó conversando como si fuéramos cómplices aunque nos acabábamos de conocer. 

Gracias a ese momento de confidencias en solitario pude vencer mis miedos y decirla que la admiraba y era un ejemplo para mí. Su etiqueta como poeta «tardía», (había publicado su primer libro con 42 años), me hacía albergar esperanzas. En aquel momento yo andaba a vueltas con un libro, confiando acabarlo pronto en una especie de sortilegio mágico en el que ella era inspiración y guía. Recuerdo que me dijo que no tuviera prisa. Que a ella le había dado tiempo a todo. 

Desde ayer, cuando el telediario me dejó estremecida con la noticia de su muerte, he rememorado aquella conversación y los encuentros que vinieron después: los literarios y los informales en los que además de la poeta pude descubrir a una mujer valiente y generosa, testigo y memoria, lucidez y calor.

Agradezco al tiempo que los 88 años vividos la hayan permitido disfrutar de merecidos homenajes y reconocimientos en los que siempre se mostraba feliz como la niña feliz que no pudo ser. Esa mirada emocionada y emocionante tan llena de brillo y matices se ha apagado, pero nos quedan algunos recuerdos memorables y toda su obra para mantenerla cerca.

Día de la poesía

En 1998 la UNESCO propuso celebrar el Día Mundial de la Poesía cada 21 de marzo, con el propósito “de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo”.

Para quienes celebramos la poesía cada día, como celebramos seguir vivos, no deja de ser una anécdota, una llamada de atención en el calendario, un día en el que la poesía, oculta y ocultada el resto del año, tiene unos minutos en las noticias.

¿Cómo puede celebrar el Día Mundial de la Poesía un poeta? En mi caso, viene siendo una fiesta discreta, un día en el que, año tras año, reitero mi gratitud hacia la poesía por haberse cruzado en mi camino, por haberme tentado, como lectora primero y como autora después; por haberme fascinado desde que siendo niña me topé con Gloria Fuertes. 

Sin esos pasos no hubieran llegado los libros colectivos que sirvieron para darme confianza ni el sueño cumplido y hecho papel en «De paso por los días» (Bartleby, 2016). 

La poesía también me ha permitido conocer a algunas de las personas que hoy llenan mi vida de amistad y alegría, de amor y camaradería, de aprendizaje compartido. 

Hace unos días puse todos los libros juntos con el fin de seleccionar poemas para una lectura en el marco de un taller de creación literaria. Fénix se sentó junto a ellos consciente de que en los nuevos poemas también estará él.

Cuanto hoy pueda brindar por ella, será poco para agradecer todo lo recibido. ¡Salud y poesía!

8 de marzo

Hoy hago huelga. Hasta la tarde, cuando me vaya a la manifestación, dedico mis horas a los sueños robados o aplazados y hago memoria de la mujer que soy. 

Fui a un colegio mixto, me dejé el alma para sacar dos carreras de forma casi simultánea, y años después, ya trabajando, quise completar mi currículum con un máster. Soy de esa generación de ilusas que creyó que todo se podía vencer con esfuerzo personal. Pero poco a poco he ido abriendo los ojos, el esfuerzo es importante, pero siempre hay quien lo tiene más fácil. 


He conocido situaciones de injusticia laboral, muchas consolidadas desde la mentalidad machista y patriarcal que nos ha recomendado estar calladitas. He visto nóminas injustas y discriminatorias. He ido a entrevistas laborales donde el fantasma de la maternidad me ha jugado en contra, aunque yo haya elegido no ser madre. He sufrido a hombres incapaces para la escucha y la empatía ejerciendo puestos de poder desde los que destruyen a otros, especialmente, si son mujeres. 


Lo he visto y lo sigo viendo, en mí y en otras, por eso, escribo y me repito «ni un paso atrás», por eso me emocionan las más jóvenes que ya no se creen los cuentos de siempre. 


Hoy por la mañana, trabajo en esos poemas de un libro futuro, y recuerdo a aquella niña que quería ser escritora y leía a Gloria Fuertes, aunque no veía a ninguna mujer en sus libros de texto; a aquella mujer que se dio cuenta del engaño leyendo a Virginia Woolf y a otras. Vamos, mujeres, junto a los hombres que están dispuestos a acompañar este camino y esta lucha.

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