La coherencia poética de Alberto Cubero

El pasado 25 de septiembre se presentó en Madrid Una luz manchada de ruido (Olé Libros, colección Libros de la Hospitalidad, 2026), de Alberto Cubero. El autor estuvo acompañado por Esther Peñas y Federico Ocaña, con quienes compartió una conversación amena y seria a un tiempo, profundizando en este nuevo título, su séptimo poemario.

En el diálogo, no faltaron las referencias a algunos títulos anteriores de Alberto Cubero (en especial, Hendidura), quien, a pesar de la experimentación constante y la creación renovada de cada proyecto, mantiene el mismo posicionamiento estético, lingüístico, ético y político. Una obra que se consolida de forma coherente con la definición que el propio autor nos brindó de sí mismo en la antología Disidencias: «Exiliado del centro desde 1972, insiste en la torsión del lenguaje”.

A pesar de ese exilio declarado, Una luz manchada de ruido fue reclamo y centro en la librería Enclave, felizmente abarrotada para la ocasión. Tras señalar la bella sinestesia del título, la periodista y escritora Esther Peñas comentó el desacato, el tajo como forma de la falta, la incerteza de la creación, las imágenes y palabras que son nido y derrumbe gramatical al tiempo, atravesando un libro cuya propuesta asume el riesgo de ser ajeno a lo fácil y al mercado. En suma, destacó una escritura que ofrece un espacio de transformación íntima para quien escribe y lee, ya que la obra apela al tú y al nosotros, y pasa de puntillas por un yo más pequeño. “Alberto Cubero no se pierde de sí por no escucharse, sino creando un espacio en blanco que muda en luz, un salto de agua en la penúltima sílaba del verso”, dijo Esther Peñas.

Por su parte, el poeta y profesor de Filosofía, Federico Ocaña, autor del magnífico prólogo que abre el libro, señaló el no lugar de la escritura de Alberto Cubero, rodeado de pausa y silencio, generador de un espacio físico y metafísico que es también un lugar de memoria. Además, subrayó la presencia de esos otros omnipresentes en el poemario. Por un lado, las otras voces, autores que se cuelan a través de la cita o la intertextualidad, o en la escritura a cuatro manos, como José Luis de la Fuente (coautor de Tan cerca de ningún lugar). Por otro, el trabajo poético que se nutre y crece gracias a otras disciplinas artísticas, sobre todo, la música y las artes plásticas, donde se señaló la estrecha colaboración con el escultor Leandro Alonso (La textura metálica del dolor y Tránsitos). Ese coro de voces constituyen un eco. “Y también una segunda y una tercera persona que se encuentran en el espacio político donde la palabra poética abre el lugar de los nadie que son todo lo contrario al yo heroico”, explicó Federico Ocaña, que abundó en la idea: “el desobramiento del lenguaje de esta obra encierra un tremendo vacío, que deja espacio a otras personas”.

Alberto Cubero fue contestando a las preguntas y leyendo poemas del libro, siempre pocos, y algunos a petición del público. Al abordar su proceso de escritura subrayó algunas cuestiones centrales del mismo: las ambigüedades, la ruptura del signo (“significado y significante no coinciden sino en un museo de reliquias”), el automatismo como inspiración, lo fragmentario, el trabajo artesano y jardinero sobre el lenguaje, es decir, una expresión depurada hasta su máxima expresión, donde no sobre nada. Dando respuesta a lo que había dicho Federico Ocaña, “un libro de libros”, Cubero fue citando algunos de los autores cuyas lecturas acompañan su escritura y su vida, de forma indisoluble: Roland Barthes, Hannah Arendt, Byung-Chul Han, Mario Montalbetti, Hugo Mujica o Ricardo Piglia, entre otros.

La conversación también abordó esa escritura de sintaxis rota y ortografía libérrima: sin mayúsculas, con barras oblicuas y la insistencia de los dos puntos; o bien, un epílogo que es un solo poema de cuatro páginas sin signos de puntuación o el buen número de poemas que se cierra con interrogante. En su respuesta, insistió en la necesidad de generar ritmo y una multiplicidad de lecturas, mientras que el poema final aspira a acercar el proceso de escritura al pensamiento. “No pensamos ordenadamente. En los dos puntos, me interesa generar la idea de cadena y consecuencia”. Como señaló Federico Ocaña, se trata de “dejar trabajar al poema” sin prisa ni atajos, si bien lanzó otra pregunta complementaria: “¿es el poeta el que hace el poema o es al revés?”

Alberto Cubero reivindicó la necesidad de la pausa, tanto existencial como en la escritura; detener el tiempo para leer y releer, para escucharnos a nosotros mismos y escuchar el mundo. En cuanto a quién es poeta y quién lo nomina, defendió la necesidad de una lectura atenta que permita distinguir la literatura de calidad de la que se cae de las manos, y lanzó una petición a los poetas reconocidos y a las editoriales, para que “no dejen escapar por el desagüe a los buenos poetas actuales”. Su deseo es que no se olviden nombres que luego haya que rescatar en sus años finales, como a Julia Uceda; o después de su muerte, como ha ocurrido con Carlos Oroza, Miguel Suárez, Francisco Pino o Aníbal Núñez, entre otros.

Siguiendo a Octavio Paz, Alberto Cubero dijo que «el poema que es poema debe convocar el silencio». Después de tanta palabra escuchada, nos queda volver al libro y re-encontrarnos en el silencio al que invitan sus páginas, ese pálpito compartido. Sirva como puerta al libro, también, este poema:

y el epicentro de la quietud crece, bien es cierto que a trancas y barrancas, pero lo hace, en una sucesión de inspiraciones entrecortadas, de hilos que extienden sus hilos y a cada centímetro que se gana, a cada palmo que la quietud conquista, el aire se transforma en canto y entre los corpúsculos preñados de calma un desgarro de contraluz se va disipando, a pesar de su insistencia, y el horizonte toma un cariz como ancestral y ese epicentro, sí, adquiere robustez, a pesar de todo, a pesar de todo.

(despiste utópico)

Una luz manchada de ruido, Alberto Cubero (Olé Libros, 2026)

La charla completa está disponible en este enlace, entre los audios que la Librería Enclave va guardando en su página web, un cofre repleto de joyas sonoras.

El libro, ‘Una luz manchada de ruido‘ volverá a ser objeto de coloquio el próximo viernes 30 de octubre de 2026, en la Biblioteca Pública Elena Fortún de Madrid. (c/ del Doctor Esquerdo, 189. Metro: Conde Casal o Pacífico).

Si no pudiste pasar por Enclave, no dejes pasar esta nueva oportunidad. ¡Te esperamos!

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