En la víspera de las velas

Este domingo tiene algo de balance y cierre, en la víspera de un nuevo cumpleaños. 


Ha sido un fin de semana lleno de horas dedicadas a los libros y los escenarios, ocupando el lugar de espectador que aprende.
Ayer estuve de librera ocasional en la Feria del Libro del distrito de La Latina. Desde detrás de la mesa, seguí los ojos de niños, niñas y adolescentes prendidos por los objetos expuestos… y también, la mirada angustiada de la madre que sabe que no tiene para libros y los pasos de la abuela que, mesa tras mesa, encuentra el que busca para cada nieto. 

Y luego… Espectadora dichosa de ‘Ahora todo es noche’, fantástica producción de La Zaranda en el Teatro Español, y de la ópera ‘Gloriana’, en el Teatro Real. Dos representaciones que me han permitido pasar de una historia de sin techo y sin destino, como dicen esos personajes entrañables de La Zaranda, a las exigencias y los conflictos de un reina en la Inglaterra del siglo XVI; y todo ello tamizado por el juego y la magia de las luces, las voces, los escenarios que permiten el fascinante viaje de imaginar, crear y recrearse. 

He celebrado el cumpleaños desde la víspera con palabras, cafés, cañas y besos… Ha habido que atender tareas domésticas y nuevos versos… Y ahora mismo me sé muy afortunada, en mitad del camino que se sembró en la infancia, cuando un libro era el mejor regalo de todos los posibles e ir al teatro, un hondo temblor. Mañana no cambia nada, pero somos seres simbólicos y en eso andamos.

La luz de los almendros

Sabíamos que la primavera esperaba agazapada, que el azul rompería el cielo y nos devolvería la luz perdida.


También intuíamos que el cambio iba a ser repentino, para sumar 15 ó 20 grados de un día para otro, y que un calor mareante nos sorprendería a cuestas con el abrigo y los pies apresados en las botas de invierno. 


Entre estas fotos de almendros callejeros y urbanos solo media una semana. A pesar del calor, la primavera parece querer animarnos. Los sueños siguen intactos a la espera.

Rara primavera

La primavera comenzó hace semanas, con el mandato de acompañar el duelo y el luto de personas muy cercanas y queridas. Desde entonces parece difícil encontrar colores, y las sucesivas borrascas se empeñan en que los días sean grises, se miren desde donde se miren. 


Sé que el campo está ahito de agua, aunque apenas he podido salir a su encuentro. Desde el tren se ven flores silvestres ocupando el paisaje. Se intuye que la vida sigue, a pesar del dolor. Cualquier día el sol nos arrasará los ojos y nos parecerá mentira.

La nevada

Abrir los ojos en la sierra y descubrir que la noche se inventó el paisaje del frio, en la víspera de la primavera.

Volver a ser la huella que inaugura la mañana, avanzar con miedo antes de la sal y disfrutar de la nieve, ya desde la ventanilla del bus.

Los charcos son espejos helados y los árboles visten de blanco. A lo lejos, el sol se intuye sobre Madrid.

Entre nubes

15-3-2018

Este viaje ha surgido de repente, apuntando con sus agujas y su azar a la fuerza de la vida, para abrazar a dos nuevos seres, dos niñas que duermen y aprenden a mirar el mundo, y a su madre y a su padre, que no cesan de descubrir que todo es totalmente nuevo. 


Como siempre, llevo lectura. Como pocas veces, apenas la he tocado.


Mi mundo son las nubes, un paisaje repleto de matices entre el sol, las tormentas y el arco iris, entre cerezos y almendros en flor que se escapan a la torpeza de mis dedos (es difícil apresar ese instante desde un tren de alta velocidad), entre ríos y acequias generosas.

Ojalá todo el azul y todos los violetas que voy sumando destierren ciertas tristezas, esas sombras que se mantienen en vilo. Contemplo este paisaje abierto y quiero ser esperanza.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑