Feliz 2019

Queridos todos:

2018 se despide y os envío unas líneas y una fotografía con las que desearos, como siempre, lo mejor para el año que estamos a punto de iniciar.

Son horas de balance y 2018 deja un poco de todo. Ha habido pérdidas cercanas y he celebrado el nacimiento de nuevas vidas que son aliento de presente y futuro. He dejado atrás la que ha sido mi casa durante los últimos años, y ahora me siento afortunada en mi nuevo hogar. Hubo horas bajas y alegrías de las que he aprendido y soy consciente de todo lo que queda por aprender, cambiar y mejorar.

Como siempre, he revisado las fotos de este año para elegir la más adecuada al espíritu que quiero compartir con vosotros ahora. Por primera vez, no se trata de un paisaje sino de una criatura que ha transformado mis ritmos y tiempos cotidianos, y me ha enseñado muchas cosas.

Os presento a Fénix, el inesperado compañero de piso que me ha regalado 2018. Lo encontramos con pocas semanas y enfermo en la calle, pero en sus ojos y en su actitud estaba el deseo y la fuerza de renacer. El nombre le vino solo como ocurre con los buenos versos.

Fénix ha sido posible gracias a una cadena generosa de cuidados y cuidadores, que se encargaron de él hasta que yo pude hacerlo, ya en mi nueva casa.

Su foto es la que inspira mis deseos para todos. Ojalá 2019 nos depare muchos momentos en los que nos brillen los ojos, que sepamos jugar y disfrutar con lo sencillo, que no nos falte el cuidado de los demás ni ese breve cobijo suficiente para sentirnos seguros y a gusto, que sepamos desafiar y plantar cara a lo que nos desagrada y encontremos la caricia necesaria para vivir mejor.  

Un abrazo fuerte.

Tiempo de pausa

Hace unas semanas mi móvil rozó el catacroc. Hubo que desinstalar programas y me desconecté de varias redes sociales que, hasta entonces, habían estado muy accesibles: a un click en la pantalla sumergida del bolso, tan a mano en los tiempos muertos, en los trayectos vacíos del transporte público.

A los pocos días, mente y cuerpo también me dieron una llamadita de atención: o paras o catacroc. Y tuve que parar al ver las orejas del lobo tan cerca. El médico de cabecera, más preocupado por el sistema que por quien le hablaba, solo me concedió tres días de tregua, pero fueron paz y tiempo para hacerme promesas y nuevos propósitos.

Hoy, en una pausa entre las tareas domésticas, he caído en la cuenta de que anoche, San Juan, era la fecha de la renovación, y yo andaba con la cabeza fuera del calendario. Si hubiera escrito un deseo hubiera sido no romperme.

Vivo tiempos de cambio y mudanzas. Hay que vaciar la casa, empaquetarla toda. Esperan y se cruzan trámites y papeleos que me consumen. La mudanza es deseada y nadie más que yo me ha metido en este embrollo, pero todo me resulta ingente. Demasiada actividad para una mente y un cuerpo que se han sobrecargado en la tensión de las últimas fechas, sumando tirones a lo que se arrastra tras un año intenso de trabajo.

Por eso recupero esta foto, de hace casi un año. Otra pausa que se hizo necesaria a mediados de julio de 2017 cuando también las vacaciones parecían remotas y el cuerpo sugirió adelantarlas, aunque fuera en forma de paréntesis. En la costa de Cantabria me topé con una casa a medio hacer y un paisaje difuminado. En ese trance andamos. Con las cosas por definirse y perfilarse, con nuevos deseos y proyectos, como en la noche de San Juan, deseando que se cumplan y que sea todo para bien.

En la víspera de las velas

Este domingo tiene algo de balance y cierre, en la víspera de un nuevo cumpleaños. 


Ha sido un fin de semana lleno de horas dedicadas a los libros y los escenarios, ocupando el lugar de espectador que aprende.
Ayer estuve de librera ocasional en la Feria del Libro del distrito de La Latina. Desde detrás de la mesa, seguí los ojos de niños, niñas y adolescentes prendidos por los objetos expuestos… y también, la mirada angustiada de la madre que sabe que no tiene para libros y los pasos de la abuela que, mesa tras mesa, encuentra el que busca para cada nieto. 

Y luego… Espectadora dichosa de ‘Ahora todo es noche’, fantástica producción de La Zaranda en el Teatro Español, y de la ópera ‘Gloriana’, en el Teatro Real. Dos representaciones que me han permitido pasar de una historia de sin techo y sin destino, como dicen esos personajes entrañables de La Zaranda, a las exigencias y los conflictos de un reina en la Inglaterra del siglo XVI; y todo ello tamizado por el juego y la magia de las luces, las voces, los escenarios que permiten el fascinante viaje de imaginar, crear y recrearse. 

He celebrado el cumpleaños desde la víspera con palabras, cafés, cañas y besos… Ha habido que atender tareas domésticas y nuevos versos… Y ahora mismo me sé muy afortunada, en mitad del camino que se sembró en la infancia, cuando un libro era el mejor regalo de todos los posibles e ir al teatro, un hondo temblor. Mañana no cambia nada, pero somos seres simbólicos y en eso andamos.

La luz de los almendros

Sabíamos que la primavera esperaba agazapada, que el azul rompería el cielo y nos devolvería la luz perdida.


También intuíamos que el cambio iba a ser repentino, para sumar 15 ó 20 grados de un día para otro, y que un calor mareante nos sorprendería a cuestas con el abrigo y los pies apresados en las botas de invierno. 


Entre estas fotos de almendros callejeros y urbanos solo media una semana. A pesar del calor, la primavera parece querer animarnos. Los sueños siguen intactos a la espera.

Rara primavera

La primavera comenzó hace semanas, con el mandato de acompañar el duelo y el luto de personas muy cercanas y queridas. Desde entonces parece difícil encontrar colores, y las sucesivas borrascas se empeñan en que los días sean grises, se miren desde donde se miren. 


Sé que el campo está ahito de agua, aunque apenas he podido salir a su encuentro. Desde el tren se ven flores silvestres ocupando el paisaje. Se intuye que la vida sigue, a pesar del dolor. Cualquier día el sol nos arrasará los ojos y nos parecerá mentira.

La nevada

Abrir los ojos en la sierra y descubrir que la noche se inventó el paisaje del frio, en la víspera de la primavera.

Volver a ser la huella que inaugura la mañana, avanzar con miedo antes de la sal y disfrutar de la nieve, ya desde la ventanilla del bus.

Los charcos son espejos helados y los árboles visten de blanco. A lo lejos, el sol se intuye sobre Madrid.

Entre nubes

15-3-2018

Este viaje ha surgido de repente, apuntando con sus agujas y su azar a la fuerza de la vida, para abrazar a dos nuevos seres, dos niñas que duermen y aprenden a mirar el mundo, y a su madre y a su padre, que no cesan de descubrir que todo es totalmente nuevo. 


Como siempre, llevo lectura. Como pocas veces, apenas la he tocado.


Mi mundo son las nubes, un paisaje repleto de matices entre el sol, las tormentas y el arco iris, entre cerezos y almendros en flor que se escapan a la torpeza de mis dedos (es difícil apresar ese instante desde un tren de alta velocidad), entre ríos y acequias generosas.

Ojalá todo el azul y todos los violetas que voy sumando destierren ciertas tristezas, esas sombras que se mantienen en vilo. Contemplo este paisaje abierto y quiero ser esperanza.

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