Día de las librerías

Si este año las librerías están de fiesta el 8 de noviembre, me sumo encantada para celebrarlas por cuanto nos ofrecen de magia, complicidad y aventura.

Para mí, entrar en la mayoría de las librerías es una verdadera tentación, una experiencia que no se da en el resto de comercios.

A la librería voy a mirar y a tocar, a hablar con los libreros, a que me recomienden y a dejar vagar mis ojos por portadas y páginas que quieren atrapar mi atención. Muchos libros lo logran, la voz melodiosa del librero también lo hace. Si es buen profesional, habrá reconocido el brillo en mis ojos y empezará a desplegar novedades y libros preciosos que se editaron hace tiempo, de esos que alguna vez se nos escaparon sin ser vistos.

Es entonces cuando me bajo precipitadamente del mundo de las letras y de su motor de utopía, y busco un punto de apoyo en el rincón oscuro de la contabilidad y el sentido común, para fijarme un presupuesto del que no desviarme demasiado. Afortunadamente, casi siempre hay un roto para un descosido. Y así surge un libro al paso, que acaba por venirse con nosotros… Si el presupuesto es menguante, la segunda mano y los libros de bolsillo son una fiesta, igual que los saldos que muchas veces me han dado alegrías inesperadas.

El día del libro y el día de las librerías

Para alguien que nació un 23 de abril, el día del libro no se olvida. Es más, ese azar maravilloso ha funcionado como imán. Desde el año 1988, cuando se instituyó como tal, ¿qué me iban a regalar los más perezosos o los amantes de los descuentos o los menos imaginativos? Tal vez al principio fuera así, pero lo cierto es que siempre he pedido y agradecido libros para celebrar la vida. Y casi siempre, aunque lluevan libros, yo misma entro de hurtadillas en alguna librería y me hago mi regalo. Ese capricho secreto que tiene el olor de la tinta y el papel, aunque para mí es el sabor de un chocolate o una galleta deliciosamente escondidos al fondo de la caja.

El día de las librerías no cuenta con tanta tradición. Este año estamos ante la novena edición, convocada por CEGAL, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, que reúne a 1.600 librerías en toda España. Parece que la fecha cambia cada año, que se busca un viernes próximo al inicio de la campaña de navidad para recordarnos que las librerías están ahí.

En la misma batalla que afronta todo el comercio de proximidad de nuestras ciudades, las librerías ven caer sus ventas año a año y algunas bajan sus cierres de forma definitiva en silencio, dejando un barrio más huérfano o una calle más desamparada.

Cegal subraya en su convocatoria de este año que las librerías “no sólo actúan como centros de dinamización cultural sino que son espacios imprescindibles para la creación de comunidad”. Y reivindican “el trato familiar, cercano y afectuoso que ofrecen las librerías frente a la frialdad y la impersonalidad que imponen las multinacionales de venta online, poniendo en valor los vínculos que florecen entre los libreros y libreras y sus lectores”.

Estoy completamente de acuerdo. En las librerías intercambio euros por libros, pero también conversación, besos y abrazos. En muchas de ellas, cruzar su umbral es sentirte en casa de un conocido, un pariente queridísimo al que, por las circunstancias de la vida, no vemos tanto como nos gustaría. A veces voy a comprar y otras a saludar, a la presentación del libro de alguien a quien conozco y admiro, ya sea porque forme parte del ámbito de personas próximas o bien, de ese elenco de autores a los que me sigo acercando con torpeza y timidez como mera aprendiz. En los últimos años, he tenido el placer de ir también a leer mis propios textos y ver mi libro en los estantes que siempre me parecieron destinados a la obra de los demás. Son pequeños pasos que me demuestran que a veces, se cumplen los sueños, aunque sean de papel.

Algunas de mis librerías favoritas

En el día de las librerías, se me hace raro no citar algunas de mis favoritas… pero sé que corro el riesgo de olvidarme de algún nombre fundamental. Llevo desde ayer anotándolas, en un intento de que el cansancio no me lleve al desliz, y ante la lista que tengo ante los ojos, también me pregunto por cómo ordenarlas. Podría optar por un orden cronológico, citando las librerías de la infancia y la juventud, en su mayoría cerradas. Podría recorrer las que visité en viajes por España y por el extranjero, que fueron dejando huellas y recuerdos. Podría concluir con aquellas que me abrieron sus puertas como autora, que apilaron varios ejemplares de mi libro junto a la caja o, aún más valientes, aquellas donde leí cuando era una poeta inédita. Podría citar las que regentan esos libreros que al llegar me saludan por mi nombre o las que en los últimos  tiempos acogieron los actos que me hicieron salir de casa y disfrutar escuchando a otros. También podrían venir a cuento las librerías de los barrios donde he vivido y se convirtieron en un escaparate cómplice y amable cercano a casa. Por último, también tengo anotadas las librerías donde he debatido proyectos colectivos o he hecho talleres literarios que han alimentado y siguen alimentando libros futuros.

Son tantas, y es tan tarde para seguir escribiendo… que creo que no voy a hacer distinción porque hoy es el día de todas. Esas pequeñas historias que me han venido a la cabeza son buenas ideas para otros días.

Ahora toca publicar este texto, compartirlo con quien lo quiera leer y salir a la calle a por un libro, porque en la librería del barrio nos están esperando con los brazos abiertos.

Poemas para cerrar octubre (3)

RITUALES

Se intuye noviembre
en los colores redondos
de crisantemos
y cinerarias.

Un cortejo florido
ha tomado las plazas.
Los puestos callejeros
ya celebran la muerte.

Antecedentes

Este poema, que se encuentra en mi libro “De paso por los días”, (Bartleby, 2016), ofrece el ritual correspondiente al otoño.

Es cierto que hoy Madrid estaba lleno de puestos de flores y que se han reforzado los servicios de transporte público a los cementerios, pero es Halloween el fenómeno que ha ganado la partida cultural.

Los buñuelos de viento y los huesos de santo han aprendido a competir con dulces en forma de calabaza; mientras Don Juan Tenorio, aunque en algún escenario estará cumpliendo con la tradición, ha sido desplazado por toda una pléyade de monstruos y brujas.

Lo cierto es que no lo siento por Don Juan, un mito-personaje que nunca me ha despertado simpatía ni interés. A pesar de entender el contexto socio-cultural e histórico de la obra de Zorrilla y todos sus antecedentes, siempre me ha costado soportar a ese caradura aprovechado que seducía a una joven pánfila e ingenua.

No obstante, me cuesta disfrutar y entender Halloween porque no puedo disociarlo de cuanto tiene de tradición impostada, de colonialismo cultural, de máquina que hace caja con el disfraz y la sangre al margen de toda lectura ancestral y, por tanto, mágica.

Perdonad que sea una antigua. Me quedo con los puestos de flores. Me detengo y suspiro ante el temblor de luto de noviembre. Caigo en la cuenta de que hoy empieza la campaña electoral y prefiero no entrar en valorar ciertas caretas y ciertos disfraces. Quizás sea mejor pensar en quienes nos precedieron aprovechando estos días de recuerdo y toque de difuntos. Y confiar en que noviembre, contra todo pronóstico, depare buenas noticias.

¿Cómo decir refugiado?

El 20 de junio es el día de los Refugiados. Un día especial que para ellos es uno más en medio de un calendario vital suspendido, una efeméride declarada por la ONU con el fin de llamar la atención sobre estas personas que se han visto obligadas a dejar su país. La guerra, la persecución o el terror expulsan a 24 personas por minuto, según datos de ACNUR.

El día de los Refugiados o la propia palabra podrían significar amparo, aunque distan mucho de serlo. Viendo las imágenes de los campamentos donde se hacinan miles de personas en todo el mundo, el 85% en los países en desarrollo, es difícil pronunciar la palabra refugio.

Más bien estamos ante una aspiración legítima en medio de la inclemencia y la intemperie. ¿Cómo llamarles refugiados si no se respetan los derechos contenidos en la Convención de 1951? 

Desde 2015, en Europa, al decir refugiados pensamos en Grecia, en Italia, en el Mediterráneo entero, convertido en una gran tumba; en el espacio de la desolación que, siendo tan cercana, apenas percibimos.

Nuestro 20 de junio de acomodados occidentales nos recuerda a la fecha del inicio del verano, el inicio de aquellas vacaciones escolares interminables que, en mi caso, discurrían en pisos sobradamente calurosos y tenían el premio de disfrutar del mar por unos días.

Pero lo cierto es que ahora ya no puedo mirar igual a ese mar que siempre fue un lugar mágico y sanador. En cierto modo siento que las decisiones políticas aplazadas me lo han robado. Me apena contemplarlo. A pesar de su belleza y el disfrute que me brinda bañarme en el Mediterráneo, ya no puedo quitarme de la cabeza los barcos abandonados a su suerte y la realidad de los náufragos. ¿Qué decir que no se haya dicho y escrito sin volver a usar palabras como vergüenza y barbarie? 

Ahora, ese paisaje tiene mucho de lo que ofrece este poema, incluido en la parte de «Verano», en mi libro «De paso por los días», publicado por Bartleby Editores.

NAUFRAGIO

Bañarse en el mar, 
las sombras encerradas 
en todas sus olas, 
el escozor del vaivén
de rocas y arena.

Morderse la sal 
de los labios. Ser consciente
de la memoria oculta
de los ahogados

Día de la poesía

En 1998 la UNESCO propuso celebrar el Día Mundial de la Poesía cada 21 de marzo, con el propósito “de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo”.

Para quienes celebramos la poesía cada día, como celebramos seguir vivos, no deja de ser una anécdota, una llamada de atención en el calendario, un día en el que la poesía, oculta y ocultada el resto del año, tiene unos minutos en las noticias.

¿Cómo puede celebrar el Día Mundial de la Poesía un poeta? En mi caso, viene siendo una fiesta discreta, un día en el que, año tras año, reitero mi gratitud hacia la poesía por haberse cruzado en mi camino, por haberme tentado, como lectora primero y como autora después; por haberme fascinado desde que siendo niña me topé con Gloria Fuertes. 

Sin esos pasos no hubieran llegado los libros colectivos que sirvieron para darme confianza ni el sueño cumplido y hecho papel en «De paso por los días» (Bartleby, 2016). 

La poesía también me ha permitido conocer a algunas de las personas que hoy llenan mi vida de amistad y alegría, de amor y camaradería, de aprendizaje compartido. 

Hace unos días puse todos los libros juntos con el fin de seleccionar poemas para una lectura en el marco de un taller de creación literaria. Fénix se sentó junto a ellos consciente de que en los nuevos poemas también estará él.

Cuanto hoy pueda brindar por ella, será poco para agradecer todo lo recibido. ¡Salud y poesía!

8 de marzo

Hoy hago huelga. Hasta la tarde, cuando me vaya a la manifestación, dedico mis horas a los sueños robados o aplazados y hago memoria de la mujer que soy. 

Fui a un colegio mixto, me dejé el alma para sacar dos carreras de forma casi simultánea, y años después, ya trabajando, quise completar mi currículum con un máster. Soy de esa generación de ilusas que creyó que todo se podía vencer con esfuerzo personal. Pero poco a poco he ido abriendo los ojos, el esfuerzo es importante, pero siempre hay quien lo tiene más fácil. 


He conocido situaciones de injusticia laboral, muchas consolidadas desde la mentalidad machista y patriarcal que nos ha recomendado estar calladitas. He visto nóminas injustas y discriminatorias. He ido a entrevistas laborales donde el fantasma de la maternidad me ha jugado en contra, aunque yo haya elegido no ser madre. He sufrido a hombres incapaces para la escucha y la empatía ejerciendo puestos de poder desde los que destruyen a otros, especialmente, si son mujeres. 


Lo he visto y lo sigo viendo, en mí y en otras, por eso, escribo y me repito «ni un paso atrás», por eso me emocionan las más jóvenes que ya no se creen los cuentos de siempre. 


Hoy por la mañana, trabajo en esos poemas de un libro futuro, y recuerdo a aquella niña que quería ser escritora y leía a Gloria Fuertes, aunque no veía a ninguna mujer en sus libros de texto; a aquella mujer que se dio cuenta del engaño leyendo a Virginia Woolf y a otras. Vamos, mujeres, junto a los hombres que están dispuestos a acompañar este camino y esta lucha.

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