La primavera comenzó hace semanas, con el mandato de acompañar el duelo y el luto de personas muy cercanas y queridas. Desde entonces parece difícil encontrar colores, y las sucesivas borrascas se empeñan en que los días sean grises, se miren desde donde se miren.
Sé que el campo está ahito de agua, aunque
apenas he podido salir a su encuentro. Desde el tren se ven flores silvestres
ocupando el paisaje. Se intuye que la vida sigue, a pesar del dolor. Cualquier
día el sol nos arrasará los ojos y nos parecerá mentira.
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