Crónica. Poesía de alto voltaje

El pasado sábado 25 de junio volvimos al templo de Enclave de Libros para la presentación del nuevo libro de poemas de Antonio Méndez Rubio, Tanto es así, editado por Vaso Roto.

Flanqueado por los poetas y atinados lectores, Esther Peñas y Carlos Jiménez Arribas, la palabra cobró su dimensión más espléndida y el misterio del buen hacer poético se fue desvelando en un acto que sentí infinitamente no haber grabado.

Estas notas tomadas al vuelo recogen parte de cuanto alberga el libro y lo que se dijo, parte de las preguntas y los temblores que se compartieron en una conversación generosa y cómplice.

Se habló de Tanto es así como poética del corte, la amputación de la forma, poesía del despojamiento. También del síncope, el poema que duele al escribirse y al leerse, en el marco de una honda coherencia y una indagación constante. De la poesía que está al margen del significado y de la lingüística, lo que no tiene nombre y existe. La reticencia a decir y a saber. El poema como entreacto, lugar de encuentro con el lector.

El diálogo se iba entrelazando como un acto erótico, porque el ‘eros’ estaba imantando todo. Si se refería Jiménez Arribas a “una obra que implica un cierre” dentro de una poética de mucha emoción; Esther Peñas exponía que “algunos cierran inaugurando”. Desbordado, Méndez Rubio atinó a decir que tal vez el poema “sea algo entreabierto donde corre el aire”. Quizás, como ese claro del bosque, como el ramaje de los árboles citados (álamos, olmos, encinas, olivos…), que también dejaron su rumor de hojas en el encuentro de ayer.

Hubo inevitables referencias a otras obras de Méndez Rubio, porque su poesía y su ensayo son también un bosque con el que estamos en deuda muchos lectores.

“Para mí el lenguaje es una fosa común”, dijo Méndez Rubio, quien alertó del tiempo que vivimos: “La vida está en destrucción, en todos los planos, eso ya lo sabemos desde hace mucho. Ahora, el siguiente paso es que no queramos vivir. Ese es el nuevo paso del nuevo fascismo en el que estamos. El nuevo negocio”.

Esa frase tan certera me puso frente al espejo de esos días en los que cuesta poner un pie detrás del otro, mantener el aliento necesario.

Y ante ese peligro que se cierne sobre nuestra existencia, actos como este, compartir palabra y abrazo, dejarse mecer por la poesía que nos mantiene en la emoción y en la alerta inteligente, quizás sea uno de los mejores caminos.

Por eso, salimos todos con un libro bajo el brazo, con una sonrisa en los labios, con la certeza de otra jornada nutriente para la vida.

Y para saciar el apetito que puedan dejar estas líneas, un par de poemas.

OTRA MAÑANA

que no es un signo. Da

el sol. Se para el aire

porque sí. Procuro

hacer con la ira

lo que tú con mi abrazo.

¿Ves? En árboles

sin tiempo para nada

la fruta existe

por instinto, por la insistencia

en las mismas palabras

que nos íbamos a tener

que decir.

DE AQUÍ SE VAN TAMBIÉN

los únicos pájaros

que hasta aquí habían venido

buscándose los unos

a los otros. Por

esa sensación de exilio

sus cuerpos no resisten

ser recordados.

Sus cuerpos reconocen

lo mismo: que eso

no significa nada.

Que el significado es una palabra

de menos.

(Poemas de las páginas 12 y 25, aunque podrían ser otras páginas, y otros los textos).

Tanto es así. Antonio Méndez Rubio. Vaso Roto Ediciones, (Madrid, 2022)

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