Poemas para cerrar octubre (2)

RUTINA

Una
tras otra
nacen
con el peso oscuro
de antiguas derrotas

las mañanas de octubre.

(De paso por los días, Bartleby, 2016)

Antecedentes

La semana pasada, en sus Lecturas poético-pictóricas, mi querido Francisco Javier Solé Ribas seleccionó el poema que he publicado sobre estas líneas.

Me sorprendió reconocer que podía haberlo escrito ese mismo día, que podría escribirlo hoy mismo a pesar del tiempo transcurrido desde la aparición de ese libro o aún más si pienso en su momento de escritura. Octubre, con sus tardes cortas y sus hojas mortecinas por las aceras, tiene algo de derrota o, al menos, este año ha vuelto a tener esa impronta.

Tal vez sea mero contraste, porque septiembre es tiempo de esperanza. Para muchos, el año comienza con el inicio del curso escolar. Tras las vacaciones estivales, los propósitos, como los libros recién comprados, resultan nuevos. Según avanzan las hojas del calendario podemos saber cómo llevamos la cuenta de proyectos en curso o alcanzados.

Octubre dejó derrotas, claro, pero también vio nacer este blog, de forma absolutamente azarosa. Así que, a pesar del poema o mejor dicho por él, yo quiero brindar por el otoño. Porque a veces su melancolía es creadora y puede empujarnos en la buena dirección.

Poemas para cerrar octubre (1)

Efecto invernadero

Hemisferio norte. Final de octubre. 

El mercurio se detiene a veinte grados 
y el olor a buñuelos de viento. 

Entre paños de lana y alpaca, 
los maniquíes sudan, se desmayan
con miradas repletas de preguntas. 

Los científicos explican 
movimientos ascendentes
de moléculas en los gases. 

Los sentidos constatan 
las ruinas de este tiempo.

Antecedentes

Con este poema abría mi contribución poética en el libro colectivo titulado La Escombrera, que Legados Ediciones publicó en 2011.

Lo leí en varias presentaciones y puede leerse hoy, cuando seguimos atónitos ante los ciclos alterados de la naturaleza. Parece que tienden a repetirse, formulándonos preguntas que incomodan…

Este octubre que acabará pronto está siendo sorprendentemente cálido y por días, ha resultado desconcertante y frío como la noticia de la muerte inesperada. 

Por cierto, la fotografía es mía y el marco lo puso Calber para una lectura que hicimos en La Casa Encendida. Han pasado muchos años desde entonces, y aquí seguimos, entre abanico y constipado, dando sentido al otoño, que resulta ser una estación que me inspira.

Espero que os guste el poema, y no será el último antes de cerrar el mes.

A la feria

Vuelve a Madrid una de las Ferias más bonitas del mundo… y yo tengo la suerte de poder volver al otro lado del mostrador, en la soleada caseta de Bartleby Editores.

No temáis al calor ni al fuego del ángel caído, que no estará muy lejos. Por mi parte, firmo el mismo libro de hace tres años, cuyo influjo y presencia sigo celebrando. 

Tal vez estoy a punto de ser una autora de esas que se quedan ahí, suspendida de un primer libro quizás prometedor; medio maldita en el río de la vida que quita tiempo a la poesía toda. 

Es posible que sea vuestra última oportunidad y si no, tal vez se os ocurra el nombre de alguien a quien pueda gustarle. La tercera opción, la más segura, apunta a que en la caseta 266 habrá novedades interesantes y muchas sonrisas para quienes vengáis a vernos. ¡El 5 de junio os espero/esperamos!

Los recuerdos

Estas breves líneas son para traer al presente un recuerdo de hace tres años. Cuando las primeras cajas del libro ‘De paso por los días’ llegaron para el acto público de presentación.

Desde entonces, ha habido dos mudanzas. Ya no son las mismas las paredes de mi casa ni de la oficina, pero la poesía sigue siendo mi espacio. Y hoy ha sido por varios motivos un día de recuerdo y nuevos sueños.

La poesía es mi casa junto a la gente que me quiere y me cuida, junto a la que se fue tal día como hoy y sigue en el corazón.

Adiós a Paca Aguirre

La primera vez que hablé con Francisca Aguirre fue en 2011, en los jardines de la Residencia de Estudiantes, mientras ambas hacíamos tiempo para una lectura de Ledo Ivo. Su hija nos presentó y nos dejó conversando como si fuéramos cómplices aunque nos acabábamos de conocer. 

Gracias a ese momento de confidencias en solitario pude vencer mis miedos y decirla que la admiraba y era un ejemplo para mí. Su etiqueta como poeta «tardía», (había publicado su primer libro con 42 años), me hacía albergar esperanzas. En aquel momento yo andaba a vueltas con un libro, confiando acabarlo pronto en una especie de sortilegio mágico en el que ella era inspiración y guía. Recuerdo que me dijo que no tuviera prisa. Que a ella le había dado tiempo a todo. 

Desde ayer, cuando el telediario me dejó estremecida con la noticia de su muerte, he rememorado aquella conversación y los encuentros que vinieron después: los literarios y los informales en los que además de la poeta pude descubrir a una mujer valiente y generosa, testigo y memoria, lucidez y calor.

Agradezco al tiempo que los 88 años vividos la hayan permitido disfrutar de merecidos homenajes y reconocimientos en los que siempre se mostraba feliz como la niña feliz que no pudo ser. Esa mirada emocionada y emocionante tan llena de brillo y matices se ha apagado, pero nos quedan algunos recuerdos memorables y toda su obra para mantenerla cerca.

Día de la poesía

En 1998 la UNESCO propuso celebrar el Día Mundial de la Poesía cada 21 de marzo, con el propósito “de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo”.

Para quienes celebramos la poesía cada día, como celebramos seguir vivos, no deja de ser una anécdota, una llamada de atención en el calendario, un día en el que la poesía, oculta y ocultada el resto del año, tiene unos minutos en las noticias.

¿Cómo puede celebrar el Día Mundial de la Poesía un poeta? En mi caso, viene siendo una fiesta discreta, un día en el que, año tras año, reitero mi gratitud hacia la poesía por haberse cruzado en mi camino, por haberme tentado, como lectora primero y como autora después; por haberme fascinado desde que siendo niña me topé con Gloria Fuertes. 

Sin esos pasos no hubieran llegado los libros colectivos que sirvieron para darme confianza ni el sueño cumplido y hecho papel en «De paso por los días» (Bartleby, 2016). 

La poesía también me ha permitido conocer a algunas de las personas que hoy llenan mi vida de amistad y alegría, de amor y camaradería, de aprendizaje compartido. 

Hace unos días puse todos los libros juntos con el fin de seleccionar poemas para una lectura en el marco de un taller de creación literaria. Fénix se sentó junto a ellos consciente de que en los nuevos poemas también estará él.

Cuanto hoy pueda brindar por ella, será poco para agradecer todo lo recibido. ¡Salud y poesía!

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