Sabíamos que la primavera esperaba agazapada, que el azul rompería el cielo y nos devolvería la luz perdida.
También intuíamos que el cambio iba a ser repentino, para sumar 15 ó 20 grados de un día para otro, y que un calor mareante nos sorprendería a cuestas con el abrigo y los pies apresados en las botas de invierno.
Entre estas fotos de almendros callejeros y urbanos solo media una semana. A pesar del calor, la primavera parece querer animarnos. Los sueños siguen intactos a la espera.


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