Abrir los ojos en la sierra y descubrir que la noche se inventó el paisaje del frio, en la víspera de la primavera.
Volver a ser la huella que inaugura la mañana, avanzar con miedo antes de la sal y disfrutar de la nieve, ya desde la ventanilla del bus.
Los charcos son espejos helados y los árboles visten de blanco. A lo lejos, el sol se intuye sobre Madrid.
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